Tristeza e irritabilidad: 

¿Es real que el invierno eleva sus índices?

Publicado en: 26 de junio de 2026  y atualizado en: 30 de junio de 2026
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Si en los últimos años has sentido que cada invierno llega con una carga extra de decaimiento,  irritabilidad o falta de energía, no es solo tu imaginación: hay biología detrás. Y en Chile, donde  el 13,7% de la población ya presenta síntomas moderados o severos de depresión según el  Termómetro de Salud Mental ACHS-UC, con un alza estadísticamente significativa respecto al  año anterior, la estación fría agrega una presión adicional al estado de ánimo que merece  tomarse en serio.  

Lo que ocurre en el cerebro cuando llega el invierno  

El mecanismo no es metafórico: es neuroquímico. La luz natural reduce la liberación de  melatonina —la hormona que induce el sueño— y estimula la producción de serotonina,  conocida como la "hormona de la felicidad". Cuando las horas de luz disminuyen en otoño e  invierno, este equilibrio se altera: menos luz solar significa menos serotonina, lo que puede  desencadenar síntomas como tristeza, fatiga, irritabilidad y dificultad para concentrarse.  

A esto se suma el déficit de vitamina D. Con menos luz natural en invierno, los niveles de  vitamina D bajan, lo que reduce aún más la actividad de la serotonina. Además, las personas  con este patrón producen demasiada melatonina, lo que aumenta la somnolencia y puede  provocar que duerman en exceso.  

Del "bajón de invierno" al trastorno afectivo estacional  

No toda tristeza invernal es clínicamente equivalente. Existe una diferencia entre el llamado  winter blues —un decaimiento leve y pasajero— y el Trastorno Afectivo Estacional (TAE), que  es un tipo de trastorno depresivo mayor recurrente en el que se producen episodios de  depresión durante la misma temporada cada año, con mayor frecuencia en otoño e invierno, y  que remite en primavera.  

La prevalencia del TAE se estima entre 1% y 10% de la población, con mayor incidencia en  mujeres y con una edad de presentación típica entre los 20 y los 35 años. En Chile, el impacto  del invierno sobre el ánimo es transversal: 28,2% de los trabajadores de la zona centro termina  su jornada en agotamiento absoluto durante los meses más fríos.  

Para recibir un diagnóstico de TAE, la persona debe presentar episodios depresivos en la  misma época durante al menos dos años consecutivos. Es una condición real, tratable, y que  no debe confundirse con debilidad personal.  

¿Quiénes tienen más riesgo? 

El trastorno afectivo estacional es más frecuente en mujeres, jóvenes y personas que viven  lejos del ecuador. También es más probable si hay antecedentes familiares de depresión. En el  caso de Chile, esto es relevante: las ciudades del sur del país —con inviernos más prolongados  y menor exposición solar— concentran condiciones que favorecen su aparición.  

Qué se puede hacer  

La buena noticia es que existen intervenciones efectivas. La fototerapia ha demostrado ser  eficaz en hasta el 85% de los casos diagnosticados, y puede combinarse con psicoterapia  cognitivo-conductual y, en casos más graves, con tratamiento farmacológico. Otras medidas  preventivas incluyen comenzar la fototerapia a principios del otoño antes de que aparezcan los  síntomas, hacer más ejercicio, aumentar la cantidad de luz en casa y pasar más tiempo al aire  libre.  

Si el decaimiento persiste más de dos semanas, interfiere con tu trabajo o relaciones, o se  repite cada invierno, consulta a un profesional de la salud. El invierno no tiene por qué durar  dentro de ti.  

Fuentes:  

 

Este material es sólo para fines informativos. No debe ser utilizado para realizar el autodiagnóstico o la automedicación. En caso de duda, siempre consulte a su médico.
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